Los venados alguna vez ocuparon gran parte de América del    Sur. Hoy están en peligro de extinción: tienen la máxima categoría de alerta de parte de la Unión Internacional para la Conservación (UICN). En el Parque Nacional Campos del Tuyú, en el sur de la provincia de Buenos Aires, se estima que quedan apenas unos 150. La Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), la Administración de Parques Nacionales (APN) y la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA) intentan salvar al venado de las Pampas y para ello trabajan para asegurarles el alimento. Una estrategia para manejar los recursos forrajeros en la zona está teniendo éxito, ya que están aumentando en calidad y cantidad y eso mejora las perspectivas, según cuenta una nota de Sobre la Tierra, la publicación de divulgación científica de la Facultad de Agronomía de la UBA.

“El proyecto para conservar el venado arrancó hace más de tres décadas, cuando el parque nacional era aún una reserva de vida silvestre de la FVSA. Como en la reserva no estaba permitido el pastoreo ni hacer cortes o quemar, la vegetación típica eran pastos altos de bajísima aptitud forrajera. Como veíamos que en los campos ganaderos vecinos sí había buenos pastos y que los venados saltaban el alambrado para comerlos cuando no estaban las vacas, decidimos hacer un manejo amigable para ambas especies en los establecimientos linderos”, contó Adriana Rodríguez, docente de la cátedra de Forrajicultura de la FAUBA.

Fernando Miñarro, coordinador de los programas Pampa y Gran Chaco en la FVSA explicó que “si bien existen algunas poblaciones en San Luis, Santa Fe, Uruguay, Corrientes y el sur de Brasil, los 150 animales que habitan la Bahía de Samborombón son los últimos que podemos encontrar en Buenos Aires”. Según Miñarro, en los últimos 30 años, esta población viene decreciendo de manera sostenida a un 4% anual.

Los estudios realizados con la vegetación, que comenzaron hace varios años, condujeron al descubrimiento de que, si se cortan pastos de pobre calidad y se permiten que la luz solar llegue hasta el suelo, luego de uno o dos años aparecen pastos invernales de calidad, que nutren al venado.

“¿Cuántos de los millones de turistas que pasan por la puerta de la Casa del Venado de las Pampas hacia las playas de la costa bonaerense conocen a esta especie y su delicada situación?”, se preguntó Miñarro.