15 de Julio de 2019

“Esto es lo mejor que se inventó para los pobres”, dice Emanuel Del Monte, mientras señala un tanque cubierto por lonas negras que sobresale en el techo de su casa. Se trata de una parte de un sistema construido mayormente con residuos, que calienta agua a través de energía solar y está mejorando vidas en Argentina.

Gracias a él, cientos de familias en tres barrios vulnerables de los alrededores de la capital argentina pueden a bañarse con agua caliente. Es una práctica que solían hacer calentando agua en una olla, pero que habían abandonado en los últimos años por los altos costos del gas envasado.

La vivienda de ladrillos con el frente despintado en la que Del Monte vive con su esposa y sus cinco hijos está en el barrio Pinazo, del municipio de Pilar, unos 50 kilómetros al norte de Buenos Aires.

Se trata de una comunidad que ofrece un testimonio descarnado del deterioro social en el llamado Gran Buenos Aires, conformado por los 24 municipios que rodean a la capital.

Allí viven 130 mil de las 200 mil personas que perdieron su trabajo durante 2018 en este país sudamericano y la pobreza ya alcanza al 36 por ciento de la población, según datos oficiales.

Sobre las calles asfaltadas del barrio se ven casas de tejas con jardín, escasamente mantenidas aunque propias de la clase media.

Pero si se ingresa en los polvorientos caminos interiores se descubren cantidades de viviendas construidas con madera, chapas y hasta pedazos de lona, entre trozos de tierra vacíos por los que se pasean gatos, perros y gallinas.

Algunos sábados, sin embargo, en esos espacios libres hay una extraordinaria actividad productiva: decenas de voluntarios –la mayoría jóvenes- trabajan durante largas horas en la construcción de los calentadores solares, junto a muchos de los vecinos.

Los visitantes se juntan temprano sobre la autopista que viene de Buenos Aires y llegan al barrio todos juntos, en autos y camionetas cargados con enormes bolsas con viejas botellas de plástico, latas, envases de cartón, colchones en desuso y antiguas lonas utilizadas para avisos publicitarios.

A esos residuos les suman los que los propios vecinos juntan en el lugar, que estaban acostumbrados a quemar o a tirar al contaminado arroyo que da nombre al barrio, porque no existe sistema de recolección de basura.

Los voluntarios –convocados por la ONG Sumando Energías- se despiden cuando está por caer el sol, después de haber construido e instalado en los techos de hasta cuatro casas los colectores de energía solar y los tanques térmicos de 90 litros, que mantienen el calor del agua gracias a que están cubiertos por colchones y lonas.

“Cada colector lleva 264 botellas de plástico, 180 latas y 110 envases de cartón. EL 85 por ciento de los materiales que empleamos son reutilizados”, explica a IPS Pablo Castaño, un joven de 32 años que en 2014 creó Sumando Energías, mientras va y viene por el lugar supervisando el trabajo de los voluntarios.

“Estoy convencido de que la sustentabilidad es la única forma de mejorar la situación de las personas pobres. Las soluciones sociales y económicas van de la mano de las soluciones ambientales”, dice Castaño, quien se conectó con la realidad social cuando era voluntario de la ONG Techo y se interesó por las energías renovables mientras estudiaba para convertirse en ingeniero industrial.

Castaño nació y se crió en la provincia de Río Negro, al sur del país, cerca de Vaca Muerta -el gigantesco yacimiento de petróleo y gas no convencional al cual el gobierno apuesta para empujar la decadente economía argentina- pero cree que “no es la quema de combustibles fósiles lo que nos va a salvar”.

Los colectores solares son estructuras de doce caños de dos metros de largo colocados en forma paralela. Se los cubre con latas que absorben el calor del sol y calientan el agua del interior del caño. Luego son envueltos con botellas de plástico y envases de cartón.

“De esa manera se genera el efecto invernadero que mantiene la temperatura. El paso siguiente es armar un circuito cerrado entre los caños y el tanque, que se coloca arriba ya que el agua caliente se hace densa y tiende a subir. Al cabo de unos 60 ciclos de ida y vuelta, el agua ya está caliente, a entre 36 y 40 grados”, cuenta a IPS Lucía López Alonso, una de las voluntarias.

“Lo que se genera no es electricidad, sino energía solar térmica”, aclara.

La esposa de Emanuel del Monte, Mariana Alio, que es empleada en una verdulería, cuenta que la familia estaba acostumbrada a bañarse con ollas y fuentones, calentando agua con gas envasado, pero que las dificultades económicas los han obligado últimamente a reservar el gas sólo para cocinar.

“Algunas personas del barrio todavía creen que estoy loco cuando les cuento que ahora tengo agua caliente con un sistema construido con residuos”, dice Emanuel, quien se quedó hace poco tiempo sin su puesto de empleado de mantenimiento en Escobar, un municipio vecino a Pilar, y hoy busca trabajos ocasionales, cortando el pasto de algún jardín o ayudando en lo que sea.

Es que tanto en Pilar como en Escobar, con los asentamientos precarios se mezclan barrios privados y casas de descanso – lujosos en algunos casos y siempre rodeados de rejas y con seguridad privada- donde los habitantes de los barrios pobres pueden conseguir trabajos informales.

Castaño explica que el sistema de colectores solares con materiales reutilizados fue diseñado hace más de quince en Brasil por un mecánico brasileño jubilado, llamado José Alano, que lo hizo conocido en el sur de su país.

“Alano no lo patentó para que se pudiera utilizar su diseño libremente. Nosotros copiamos también su filosofía y subimos el manual del colector solar a nuestra página de Facebook, de manera que cualquier persona pueda acceder a él”, explica.

En cuatro años de trabajo, Sumando Energías ya ha construido 174 colectores solares en los alrededores de Buenos Aires. Y tiene como objetivo no solamente darle una solución a familias vulnerables sino también transmitir los conocimientos en energías renovables a los voluntarios, quienes deben colaborar con 1.500 pesos (unos 33 dólares), que se utilizan para cubrir materiales.

“También recibimos algunas donaciones de empresas, pero no aceptamos ningunas de compañías vinculadas al negocio de los combustibles fósiles”, aclara Castaño.

Sumando Energías ahora está trabajando en prototipos de cocinas solares, que permitan a familias como las que habitan el barrio Pinazo, la mayoría con ingresos dependientes del mercado laboral informal, cortar la dependencia de las garrafas de gas envasado. La garrafa cuesta unos 10 dólares.

“Muchos acá hemos tenido calentadores eléctricos de agua de 25 litros de capacidad, pero suelen quemarse porque la tensión eléctrica no es estable”, cuenta a IPS Verónica González, una mujer de 34 años que vive en el barrio con su mamá, sus tres hijas y una sobrina, mientras corta botellas de plástico junto a los voluntarios que visitan el barrio.

Ella y su familia están entre los últimos beneficiados por el calentador solar diseñado por Alano. “Cuando te lo cuentan por primera vez –dice Verónica- no entendés de qué están hablando. Después te das cuenta de que es una oportunidad que no se puede desaprovechar porque te cambia la vida”.

Fuente: IPS