La historia de los castores en Tierra del Fuego es conocida. En 1946, 25 parejas fueron traídas desde América del Norte con el objetivo de desarrollar la industria peletera. Los castores fueron liberados en las costas del lago Fagnano y, aunque el negocio nunca prosperó, quienes sí prosperaron fueron los castores que se multiplicaron y se convirtieron en una especie invasora dañina con graves consecuencias ecosistémicas. La ausencia de los predadores naturales que estos roedores tienen en Canadá o Estados Unidos –lobos y osos- les permitió reproducirse a niveles inesperados e incluso cruzar hacia el continente.

Ahora, por primera vez, una investigación de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) determinó por primera vez el alcance de esa invasión de castores en la porción argentina de la Isla Grande de Tierra del Fuego. El estudio concluyó que allí se extienden no menos de 70.000 diques construidos por castores, que cortan el flujo de los ríos y alteran la composición y el funcionamiento del ambiente. Además, se estimó una longitud acumulada de diques cercana a los 2.300 km, que ocasiona la inundación de unos 100 km2.

“Anteriormente se habían realizado muestreos en áreas determinadas, pero no se había llevado a cabo un relevamiento exhaustivo de toda la superficie de la provincia. Nosotros hicimos ese trabajo y, al finalizar el conteo, no lo podíamos creer. Nos sorprendió muchísimo el número de diques”, dijo a Sobre la Tierra, el servicio de de divulgación científica de la FAUBA, Ana Eljall, quien realizó la investigación durante su tesis de la carrera de Ciencias Ambientales de la FAUBA,