El anuncio que hizo el gobierno desde China de que se construirán en la Argentina dos nuevas centrales nucleares no pasó inadvertido. Si bien se dijo que el primer objetivo será la instalación de Atucha III, en la misma zona de la provincia de Buenos Aires donde están Atucha I y II, la sorpresa fue la noticia de que Río Negro recibirá a la que sería la quinta usina atómica del país (ya que también existe Embalse, en la provincia de Córdoba, hoy fuera de servicio y en proceso de alargamiento de su vida útil).

El gobernador rionegrino, Alberto Weretilneck, se  mostró eufórico por la novedad que, según dijo, generará 4.000 puestos de trabajo directos en su provincia.

Sin embargo, en la vecina provincia de Chubut, pasó todo lo contrario. El gobernador Mario Das Neves salió rápidamente a rechazar la iniciativa, en una provincia donde hay un movimiento ambientalista muy fuerte y donde de hecho está prohibida la minería a cielo abierto. Das Neves, justamente, expresó sus temores de que junto con la nueva central nuclear venga un intento de la Nación de desarrollar el yacimiento chubutense de uranio Cerro Solo, al que la Comisión Nacional de Energía Atómica mira con interés desde hace muchos años.

Por ahora, las centrales nucleares argentinas se alimentan con uranio importado pero es lógico pensar que la profundización de la política nuclear pueda incluir la producción de combustible para las centrales en el país.

Rápidamente, la Legislatura de la provincia de Chubut también aprobó una declaración de rechazo a la instalación de una central nuclear en Río Negro, a instancias de un diputado de Cambiemos, Jerónimo García, quien dijo: “El mundo va en camino a otro tipo de energía y que en Chubut como en la región patagónica se han expresado en contra de una posible explotación del recurso nuclear».