Santiago Arévalo era un chico de Puerto Viejo Lavalle que vivía en una zona rural de Corrientes, en medio de plantaciones de tomates y otros vegetales. En abril de 2011 se sintió mal, fue hospitalizado y murió a los pocos días. La autopsia determinó que la causa del fallecimiento fue que había aspirado endosulfan. Y la Justicia comprobó que vivía a menos de 50 metros de una chacra productora donde se fumigó con ese producto y se lo hizo con las cortinas abiertas, por lo que la sustancia se dispersó en el aire.

Sin embargo, el productor Ricardo Prieto llegó a juicio oral pero fue absuelto por el tribunal oral de la ciudad de Goya, que entendió que no se le podía achacar ninguna responsabilidad porque fumigó con un producto autorizado y no existe ninguna ley que lo obligara a tomar precauciones.

El endosulfán hoy está prohibido, porque así fue acordado pocas semanas después de la muerte de Santiago por los países firmantes del Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, del que forma parte la Argentina.

La prohibición llegó tarde para salvarle la vida a Santiago. Y la Justicia tampoco trajo reparación. Argentina todavía se sigue debiendo un debate serio sobre el uso de agroquímicos.endosulfan