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El emprendedor belga pasó por Buenos Aires para predicar con su modelo de desarrollo

Pasó unos pocos días en Buenos Aires y sedujo a todos con su vitalidad y sus ideas provocativas. Gunter Pauli es un emprendedor belga, creador de lo que él llama la Economía Azul, un modelo de desarrollo de comunidades basado en aprovechar lo que está localmente disponible. Hoy vive en Sudáfrica, pero pasó muchos años en Japón, donde creó la Fundación ZERI (Zero Emissions Researchs and Initiatives), con la que dice tener una red de 3.000 científicos en todo el mundo, desarrollando proyectos. A Pauli lo invitó el Capítulo Argentino del Club de Roma, un think tank fundado en los años 60 por el gerente de la FIAT Aurelio Peccei. En Buenos Aires tuvo un significativo respaldo oficial: fue recibido en la Casa Rosada por el presidente Mauricio Macri y se mostró en varias actividades con el ministro de Ambiente de la Nación, Sergio Bergman, quien aseguró que el gobierno argentino va a poner en marcha alguno de los proyectos de Pauli, “aunque no sé cuáles, ni cuándo ni cómo”.
A comienzos de los años 90, Pauli era un empresario que producía detergentes en Bélgicas, en base a aceites biodegradables elaborados con aceite de palma. Tuvo un éxito singular, que lo llevó a desafiar a las multinacionales de los productos de limpieza como Procter & Gamble y Unilever. El símbolo de su momento de gloria como empresario de la economía verde lo vivió Pauli en 1992, según contó en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, cuando fue invitado a la Cumbre de la Tierra, lo trataron como a un jefe de Estado y lo sentado al lado de Jane Fonda. Al año siguiente, el gobierno de Indonesia lo invitó a conocer el país donde él compraba el aceite de palma. Entonces tuvo el shock que le cambió completamente su punto de vista, cuando vio cómo los bosques nativo de Indonesia estaba siendo destruídos por la gran demanda internacional de aceite de palma. Así, para garantizar que los cauces de los ríos europeos estuvieran libres de contaminación se estaba sacrificando a la biodiversidad en Indonesia. Pauli dice que, cuando volvió a Bélgica, decidió que no podía seguir mirando a los ojos de sus hijos y comenzó su giro.
Su modelo se llama Economía Azul, dice, porque ése es el color del cielo, donde no hay límites. “Aunque le puedes poner el nombre que quieras”, explicó en muy buen castellano, porque está casado con una mujer colombiana y ha vivido en ese país. La reutilización de todo lo que las sociedades desechan es la clave. En el auditorio de la Cancillería, Pauli sorprendió con el ejemplo de que el café que se consume en todo el mundo se produce con apenas el 0.2% de la masa que los campesinos cosechan y que el 99,8% se tira. El belga propuso utilizar todo ese desecho para cultivar hongos comestibles.
“El punto de arranque –dijo- es identificar lo que tenemos y ser conscientes de que todo es reutilizable. El único ser vivo que es capaz de producir algo que nadie desea es el hombre y por eso hacemos rellenos sanitarios y los llenamos con basura que dura generaciones. La humanidad debe entender que todo se puede transformar”.
Pauli también despertó murmullos de sorpresa del auditorio cuando dijo que la soja, que hoy ocupa más de la mitad de la superficie de la Argentina dedicada a la agricultura, no tiene futuro y que el debate sobre los transgénicos está pasado de moda. Para él, hay otras fuentes de proteínas para alimentar animales que pueden ser mucho más baratas y eficientes que la soja.
“La soja –explicó- enfrenta una competencia feroz. Y no tiene el futuro que nos imaginamos hoy porque hay alternativas que son mucho más productivas. No estoy en contra de la soja ni de los transgénicos. Pero yo siempre tengo la naturaleza como inspiración. Me inspira la larva de la mosca porque hoy tienes un kilo de larvas y dentro de 5 días tienes 350 y el 55% es proteína. O sea que si quieres tener la bomba productora de proteínas, tienes que trabajar con las larvas de moscas. ¿Y qué comen las larva de las moscas? Comen los deshechos de los mataderos. Entonces, los deshechos de los mataderos, que hoy contaminan ríos, deben aprovecharse. Podemos sacar ojos, sangre y el cerebro de los animales que no podemos convertir en salchichas y dárselo de comer a las moscas para producir proteínas alimenticias para peces, cerdos, gallinas, codornices, con una eficiencia 25 veces mayor a la soja por hectárea”.
Por si fuera poco, Pauli dejó una advertencia a los argentinos que hoy se entusiasman con la posibilidad de que desarrolle la energía eólica en la Patagonia. “En energías renovables –advirtió- hay que diversificar las fuentes. En los fósiles lo han hecho, con petróleo, gas natural, carbón y nuclear. En renovables se debe hacer lo mismo, rechazando el lobby de las empresas”.